Un trayecto desastroso en toda regla, eso es lo que fué. No por aburrido sino por absurdo.
Después de una especial sobremesa de videos extravagantes, tan parecida a cualquier otra sobremesa que hayamos vivido, véase dentaduras voladoras, perros esquizofrénicos y canciones de Madonna, decidimos hacer circular la sangre de nuestras piernas como pocas veces habíamos hecho.
(A excepción de los trayectos al frigorífico, a la ducha, al supermercado-a-por-chocolate, al chino-a-por-patatas/tabaco).
Teníamos un destino y un transbordo, es decir, subir a un tren, bajar de dicho tren, subir a otro tren y bajar de este último. Lo que en principio parece una teoría sencilla de orientación ferroviaria se acabó conviertiendo en una explicación de lo que no se debe hacer si quieres aprovechar el tiempo.
Tomamos el primer tren sin prisa. Esto es importante ya que en principio parecía que el tiempo nos sobraba. Unas cuantas paradas y avisos de correspondencias; y en el momento adecuado nos bajamos en una zona de nadie donde debíamos coger otro tren diferente. Sin embargo, tan dudosa es nuestra atención al mundo más allá de Youtube que volvimos a montar en el tren que nos llevaba de vuelta a nuestro punto de partida. No solo eso sino que, además, creo que no nos dimos cuenta hasta unas paradas después, a pesar de que el paisaje era bastante parecido al que acababamos de ver.
En un momento dado, y como por un deja vú obvio, acudió a mí una revelación de orientación asi que nos apeamos con la sensación (ón, ón, ón) de que nuestras neuronas estaban bajo mínimos.
No contentas con todo lo anterior, y mientras debatíamos lo tontas que éramos, salimos de los tornos de la estación como quien ha llegado a su destino y otra vez vino esa ráfaga de sensatez y ánimo diciendo “Sois más retrasadas de lo que creéis”. Así que la única solución para volver a entrar era explicarle al segurata 4x4 que necesitábamos coger un tren. Como yo no soy de pocas palabras, intenté comenzar desde el principio, como toda historia bien narrada que se precie. Como es lógico al hombre le importaba muy poco nuestro cuento chino y a la vez que yo soltaba la biblia al cuadrado, el decía “pasad, pasad” mientras nos indicaba el tren correcto (por si las moscas).
Una vez a bordo, nos despojamos de toda distracción para poder llegar a salvo bastante tiempo después de lo previsto.
Un par de famosetes, una manifestación y un flechazo personal fueron los ingredientes de la tarde y, como postre, un gran plano general de la zona trasera de unos cuantos de esos que velan por el orden y la ley, bien uniformados (y de traje también) dispuestos cual madroños (mas que osos) en la puerta del sol. De un sol achicharrante, por cierto.
Todo esto tendría su emoción si se tratase de una gymkhana por la ciudad, pero no es así, es real y no aconsejable a personas con alergia al transporte público.

sin duda la felicidad en esos momentos decidió desoojarnos de cualquier resquicio de inteoigencia n nuestras peqeñas y asadas cabezas al sol. Admas de esto cabe avisar a todo hijo padre sobrino y demás familiares de vecino que en un tren no merece la pena llamar a una persona por lo bajini, como tu dices, si hay q llamar la atencion se hace de una vez y n conciones atmosféricas. Pero siempre tenieno en cuenta q gracias a los si eróticos (que no antibióticos) cuerpos de seguridad ciudadana nos dejaron un grato recuerdo en nuestras retinas. Tu tuviste mas suerte cn alguien más, y no solo se quedo esa marca en tus pupilas sino tamben en ese corazoncito que ya necesitaba de un impactante flexazo que te hiciera estar en vela durante la noxe tan pococ estrellada q madrid nos brinda cada dia. Y hasta aqi mi sermon, mañana otro más. Puede ser q verse sobre colages, pasta (d comer claro) o de un desatre de persona q a la vez de ser feliz hace feliz a las de su alrededor... Q podria ser...tu?
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