Cigarrillos

domingo 13 de junio de 2010

Señoras que te acompañan en el ascensor

Una vez, no hace mucho, tuve un viaje en cercanías bastante similar a todos los demas, con la diferencia de que éste me dejo con una gran sonrisa y la sensación de que cualquier mínimo detalle puede hacer que el día termine de una manera u otra.
El recorrido fue bastante tranquilo, lo de siempre, música de móviles en medidas de decibelios tan altas que ni siquiera existen, gente manchada de trabajar, gente que mira raro a la gente manchada de trabajar, carritos con bebes que alternan la risa y el llanto y no sabes cuando están haciendo cada cosa y un montón de ojos atentos a los asientos que potencialmente pueden estar libres. Pero lo importanté ocurrió al final del viaje.
Cuando ya tenia la maleta agarrada y dispuesta a bajar, la estampida de población autóctona, viajeros de cortas distancias y un sinfín de gente alterada se colaron por ambos lados bloqueandome el paso. Como una corriente humana que se deslizaba por el escalón y hacía remolinos antes de dejarse caer por la siguiente cascada metálica, salían disparados haciendo caso omiso del mundo alrededor, cada uno con su vida, sus pensamientos, o sin ellos. Algunos compitiendo por estar un escalón mas abajo que sus contrincantes o incluso adelantando al pelotón por huecos en los que, si no fuese por que lo he visto, juraría que no cabe el cuerpo de una persona. Podría haberle echado morro y unirme a la pelea de empujones pero, en lugar de eso, me quedé de pie dentro del tren, soportando la maleta y el equilibrio y esperando a que saliese todo el mundo. Básicamente lo hice por educación y porque mi intrusión en esa masa humana era incompatible con el peso de mi maleta y la probabilidad de dejarme una rueda en el camino, cosa que ya me ha pasado, y de buena tinta puedo afirmar que una gran maleta sin una rueda cumple un 10% de su función aunque solo le falte un 3% de su mecanismo.
Me sentí un poco estúpida, la verdad, ya que todos debían tener demasiado cariño a sus manos como para echarme una a mi o por lo menos, cederme el sitio para salir que yo ya tenia reservado desde un tiempo atrás, puesto que había viajado de pie al lado de la puerta confiando mi equilibrio al asa de la maleta.
Pero toda buena acción es recompensada de un modo u otro solo que no lo vemos hasta que no buscamos un premio por nuestro buen comportamiento. No fue una recompensa de grandes dimensiones, y el hecho es que, en el fondo, terminé saliendo la última y con la maleta a cuestas. Sin embargo, cuando me dirigía a las escaleras chirriantes, una mujer de cierta edad que, creo, me había estado observando, me recordó que había ascensor con un tono de invitación a que lo tomase porque era la mejor opción al verme con semejante equipaje. Quizás me equivoco y el tono fue mas parecido a algo como “¿Dónde vas alma de cántaro?” pero eso tampoco importa mucho. Acepté porque quería separarme de la marea humana y como agradecimiento a la mujer. Cuando íbamos a tomar el ascensor, vimos que las plazas eran limitadas y solo había una vacante que, obviamente no era para mi y mucho menos para mi maleta. Para mi sorpresa, la mujer que me había recordado lo del ascensor se mantuvo inmóvil y lo único que me dijo fue: “Te espero y bajo contigo”. Era obvio que ya no necesitaba ningún tipo de ayuda con la maleta y de haber sido así, tanto la mujer como yo sabíamos que ella no me la podría facilitar pues no creo que su huesos estuviesen preparados para una mudanza de telas y retales con ese peso pero, aun así, tuvo el detalle de acompañarme durante el trayecto de dos segundos que tarda el ascensor en descender 10 metros y todo, en el fondo, por haber permanecido ajena a la obsesión por los empujones que tiene la gente con prisa y la que solamente lo hace por inercia.

miércoles 9 de junio de 2010

Las neuronas de los pollos no tienen envidia de las nuestras

Un trayecto desastroso en toda regla, eso es lo que fué. No por aburrido sino por absurdo.
Después de una especial sobremesa de videos extravagantes, tan parecida a cualquier otra sobremesa que hayamos vivido, véase dentaduras voladoras, perros esquizofrénicos y canciones de Madonna, decidimos hacer circular la sangre de nuestras piernas como pocas veces habíamos hecho.
(A excepción de los trayectos al frigorífico, a la ducha, al supermercado-a-por-chocolate, al chino-a-por-patatas/tabaco).

Teníamos un destino y un transbordo, es decir, subir a un tren, bajar de dicho tren, subir a otro tren y bajar de este último. Lo que en principio parece una teoría sencilla de orientación ferroviaria se acabó conviertiendo en una explicación de lo que no se debe hacer si quieres aprovechar el tiempo.
Tomamos el primer tren sin prisa. Esto es importante ya que en principio parecía que el tiempo nos sobraba. Unas cuantas paradas y avisos de correspondencias; y en el momento adecuado nos bajamos en una zona de nadie donde debíamos coger otro tren diferente. Sin embargo, tan dudosa es nuestra atención al mundo más allá de Youtube que volvimos a montar en el tren que nos llevaba de vuelta a nuestro punto de partida. No solo eso sino que, además, creo que no nos dimos cuenta hasta unas paradas después, a pesar de que el paisaje era bastante parecido al que acababamos de ver.
En un momento dado, y como por un deja vú obvio, acudió a mí una revelación de orientación asi que nos apeamos con la sensación (ón, ón, ón) de tener menos neuronas que un pollo asado, de los de granja.

No contentas con todo lo anterior, y mientras debatíamos lo tontas que éramos, salimos de los tornos de la estación como quien ha llegado a su destino y otra vez vino esa ráfaga de sensatez y ánimo diciendo “Sois más retrasadas de lo que creéis”. Así que la única solución para volver a entrar era explicarle al segurata 4x4 que necesitábamos coger un tren. Como yo no soy de pocas palabras, intenté comenzar desde el principio, como toda historia bien narrada que se precie. Como es lógico al hombre le importaba muy poco nuestro cuento chino y a la vez que yo soltaba la biblia al cuadrado, el decía “pasad, pasad” mientras nos indicaba el tren correcto (por si las moscas).
Una vez a bordo, nos despojamos de toda distracción para poder llegar a salvo bastante tiempo después de lo previsto.

Un par de famosetes, una manifestación y un flechazo personal fueron los ingredientes de la tarde y, como postre, un gran plano general de la zona trasera de unos cuantos de esos que velan por el orden y la ley, bien uniformados (y de traje también) dispuestos cual madroños (mas que osos) en la puerta del sol. De un sol achicharrante, por cierto.

Todo esto tendría su emoción si se tratase de una gymkhana por la ciudad, pero no es así, es real y no aconsejable a personas con alergia al transporte público.

domingo 23 de mayo de 2010

4 8 15 16 23 42

Con emoción, tristeza y esperando que no sea un desastre entre otras cosas.




The end

domingo 16 de mayo de 2010

No es normal este frío en primavera

Y lo digo con todos los significados que se le puedan dar a este enunciado.

miércoles 25 de noviembre de 2009

Lo que la Piedra Pómez le preguntaba a la felicidad

Ahora sonríes a las alegres verdades sin consciencia, ahora ensayas los silencios cuando no tienes nada que decir, disfrutas de los pasos por la cuerda del equilibrio. Ahora te burlas de la gravedad y desafías su fuerza lunera. Piensas, piensas, hasta que se te acaban los pensamientos. Por fin te ocupas de tu maldita vida de ignorante.
Ahora encuentras las porciones de absurdeces de algún día, derrochas tu sensatez en el ropero, rebosas de rendez-vous para alimentar tu paciencia. No te imaginas lo que no puedes hablar y a menudo hablas sin pensar cosas importantes.
Ahora evitas ciertas normas, chillas, viajas, memorizas museos, tecnicismos y palabras en latín. Llevas tacones sobre pies llenos de carisma, algunas veces en el bolso y muchas mas veces en el monedero.
Además usas gafas para ver de lejos porque de cerca lo tienes todo muy visto
Ahora tu pasado es un pretérito tan imperfecto que yace con las lenguas muertas y has aprendido a desinventar el subjuntivo.
Ahora no vives por escenas y disfrutas sin excusas del sexo placentero

Ahora me dices, si no eres asi, no te quiero. ¿O si?

domingo 23 de agosto de 2009

Cuidado con las meigas que haberlas hailas

Prefacio

...En ese momento no estaba por la labor de pensar. Cuando sientes esa felicidad tan natural y ligera en el instante, sería injusto y ridículo desaprovecharla pensando en otras felicidades pasadas, futuras o imaginadas.
Por eso me dio rabia el atardecer anticipado, y mira que intentamos sujetar al sol para que se quedara a medio camino.

Era una felicidad tan simple que hasta las pulgas saltaban de alegria...


Capítulo cero: La Marquesina, el indio desertor y alguien llamado Macongo.

Érase una vez Aladdin y su princesa Yasmina, el hombre que susurraba a los perros sus dudas existenciales, antes Marta que sencilla y mi media naranja astral y sin astros amistadmente hablando, que coincidieron en la interesante decisión de estudiar inglés en un pueblo gallego con dos claras intenciones: gastar poco dinero y hacer rafting.
Ninguna de las cuales se cumplió.

La Marquesina se puede calificar como el centro neurálgico de la urbe. En este famoso lugar se consigue todo lo necesario para vivir una excitante aventura: las llaves de un piso y la información sobre una desorganizada excursión sin autocar y con coches rotos pero también con un indio en el decorado y pimientos de padrón.
La suerte nos unió en el mismo horario y nivel, y en una de las mejores clases, sin duda.
Franciskaner y Macaco, o en su defecto Macongo como solía apelarlo nuestro querido y peculiar teacher, conformaron la primera lección del idioma.


Pero esto es solo una breve introducción


Y así empezó a aparecer esa emoción. Duradera en nuestro extraño viaje y que no descansaba ni dormida

jueves 25 de junio de 2009

Y otros estupidez

No creo en los horóscopos.
Sin embargo admito que, como de muchas otras cosas, se puede sacar algo interesante. En este caso son 2 características importantes que comparte con los cuentos fabula. En primer lugar son inventados, ficticios pero con un grado de realidad tan grande como el que quiera darle el que lo lee.
En segundo lugar la conclusion, a modo de enseñanza, que se puede resumir en que siempre es posible ser mas feliz si hay alguien que te dice que asi va a ocurrir. En el caso de una persona puede ser confianza, en el caso del horoscopo hay quienes lo llaman predicción positiva y otros estupidez.

De cualquier manera cada dato, cada historia e incluso cada predicción, tenemos el talento de adaptarlos a nosotros y, si nos hablan de felicidad, también sabemos pensar en nuestra felicidad.
Lo malo es cuando al nuevo redactor le da por cambiar el patrón "horoscopero", quizás porque ese día se quemó la lengua con el café o porque su jefe le pilló fotocopiandose el jodido trasero. Entonces direis, pobre del que lea su horóscopo se dia, pues bien, teneis razón porque esta vez Marte no se ha alineado bien con Saturno y es necesario el movimiento de unos cuantos astros mas para poder regalarnos un "Esta semana obtendrás lo que deseas". Pero esto aun no ha ocurrido, solo es la predicción que se hace uno mismo cuando le da por pensar que tiene cierto pretendiente rondando, hay quienes lo llaman Gafe y otros estupidez.

La explicación de todo es que hoy he leido el horóscopo del periódico. Yo y mi afición por empezar las cosas en la última página.
Que daño nos hizo SuperPop.
Por eso hay que saber elegir bien hasta el horóscopo.


Por último el video no tiene nada que ver, solo es por la noticia del día y ya que estamos porque viene bien un ritmo alegre contra lo que algunos llaman mala leche y otros estupidez.